Sé que volver a Ti, Señor implica
arrastrar con mis ríos
mis afluentes.
Sé que cambiar es desandar caminos
que van lejos de Ti
indiferentes.
Mis raíces tan hondas, tan groseras,
tan fuertes y arraigadas,
se me resisten
Pero a las misma rocas les quebranta
el frío del invierno,
sus grietas grises.
Tu gracia es cortafrío poderoso
que el corazón de piedra
quebranta ya.
Ponga, Señor, tu amor condescendiente
un corazón de carne
en su lugar.
Mi corazón, Señor, sabrá quererte
si me injertas latidos
tuyos en él.
Ya noto cómo salta, al presentirte
latiendo tan cercano,
mi sangre fiel.
Late con fuerza, corazón reciente,
que Dios es la badila
que hurga tu fuego.
Late con brío amándole sin tasa,
porque él sin tasa
te amó primero. |