21509

La vida es una senda, un cauce, un río
por donde, aguas abajo, escapa el tiempo.
Los caminos se cruzan o divergen.
No hay dos caminos paralelos.
¡Por uno vas doliente y desolado;
por otro, sosegado y satisfecho!

¿Qué tienen de atractivos senderos tortuosos
que discrepan del tuyo tan derecho?
A trompicones y a bandazos,
yo anduve a veces, mi Señor, por ellos.
¡Cuántas caídas, cuantas costaladas,
Señor, cuántos tropiezos!
Pero, de pronto, al borde de la noche,
casi sin luz, Señor, surge tu encuentro.

Cuanto agradecería
no haber dilapidado así mi tiempo,
y, a cambio de él, haber comprado el campo
del tesoro escondido y sus talentos.

Ponle verjas al tuyo, que no ofrezca
otra evasión hacia el atajo viejo.
Me bastas Tú. Imagino despoblada
la trocha desmedida que apuntaba
a lindes de destierro,
porque eres Tú y ya siempre
el único camino que poseo.


Francisco es asaltado por unos ladrones