21505

Por la gracia de Dios, soy lo que soy. Cor 15,10

Soy lo que soy, porque pusiste
tus manos sobre mí
y me ungiste en presencia de los tuyos.
Cambiaste así mi condición, me hiciste
más parecido a ti. No lo creía
mi timidez. Guardo en mi barro
tus huellas todavía
impresas en mi mente,
como quien guarda entre las manos
un pájaro amarillo.

Me he acostumbrado a ti, como una alondra
acomodada al corazón del nido.
Nada podría, mi Señor,
sustituir el gozo de saberme
tan junto a ti. Mis manos te conocen.
Mis manos te convocan
sobre el pan, sobre el vino,
mientras digo las mismas palabras temblorosas
que tú mismo dijiste
cosiendo tu presencia a nuestra carne.

Casi soy tú, porque eres tú quien dice
en mis labios aquellas
palabras misteriosas
que estremecen el pan, lo transfiguran
desde tu corazón
y ensangrientan el vino.

Déjame que te sienta mi entusiasmo
viviéndote, Señor, de esta manera,
porque me alienta tu presencia viva,
vivo otra vez entre mis manos.
Siempre lo estás, de nuevo anonadado,
en el fondo del cáliz,
en el delgado corazón del trigo,
en el amor que te tenemos
con que nos vives, con que te vivimos.


Escudo de la Orden Franciscana