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Sed sencillos como palomas, Mt 10,16

Señor, ¿por dónde empiezo
a podar, que aparezca,
limpia de excesos, la figura
del árbol que yo llevo?

La sencillez que bendecías
como equipaje para tus amigos,
no se recata de desaprobar
la profusión, la demasía.
No está lejos su imagen
de la mano descarnada del pobre.

Tiene vitrales de humildad y escueta
elegancia su limpia desnudez.
Su elegancia resulta de su desprendimiento,
como la luz
o un anillo en el dedo,
columna adelgazada,
clara noche en silencio,
llovizna acristalada,
ermita con Dios dentro.

La recatada sencillez
de María trasluce todavía, por ejemplo,
como una copa de oro de cristal
en el pecho de un ángel,
la sincera mirada, la acendrada
humildad, desprovisto de palabras
en sus labios piadosos
el corazón peinado del incienso.
Natanael igual; era por fuera
como un cristal por dentro.

¡La sencillez! Una manzana
de agua, nunca mordida y sin veneno.
Sencille es la verdad, la luz, el aire,
sencillo el olmo del molino viejo.
¿Cómo ama la verdad de tus palabras;
cómo ama la verdad quien no es sincero?

Dame la sencillez de los cipreses,
adelgazado el aire en torno suyo,
hondo el aroma de su impulso intenso;
dame su sencillez
del agua limpia en un remanso terso,
la del águila inmóvil en el aire,
la de la luna, imperceptible el vuelo,
y hazme tan simple y recatado,
como es callado el musgo del silencio.
¡La sencillez! Una manzana
de agua, nunca mordida y sin veneno.
Sencille es la verdad, la luz, el aire,
sencillo el olmo del molino viejo.
¿Cómo ama la verdad de tus palabras;
cómo ama la verdad quien no es sincero?

Dame la sencillez de los cipreses,
adelgazado el aire en torno suyo,
hondo el aroma de su impulso intenso;
dame su sencillez
del agua limpia en un remanso terso,
la del águila inmóvil en el aire,
la de la luna, imperceptible el vuelo,
y hazme tan simple y recatado,
como es callado el musgo del silencio.

El Papa aprueba la vida de Francisco y los suyos