21537

Venero en Ti la mano
con qué vendas la llaga al desvalido:
ante Ti andan los cojos,
das cucharadas de tu luz al ciego,
levantas al tullido.
Es el dedo de Dios
hecho amor en ti mismo.

A amar como tú sabes
amar, Señor, aspiro.
Amarte en los demás,
amarlos en Ti mismo.
El amor es el pan desarrapado
en la mano tendida del mendigo,
y amor resucitado, los cerezos
blancos de tu paisaje florecido.

Yo también, como Pablo,
sé bien de quién me fío.
Badila en mano vengo,
y entre cenizas vivo,
por remover las ascuas
de tu amor infinito.
Ámame como sabes
amar, sin arancel, descomedido,
y hasta que al fin te copie,
déjame contemplar
cómo raya tu amor en desatino.

Me senté con los pobres,
a un moribundo le cerré los ójos,
puse en mi mesa una manzana
mordida que en mi mano puso un loco.
No supe la limosna que te daba,
no supe que era poco
dar de lo mío, cuando tú esperabas
que me diera a mí mismo, sin rebozo,
en los demás, hasta llegar a ser
mendigo, preso, moribundo y loco.
Resucita otra vez.
Resucítame todo.


Francisco, misionero, navega a Oriente