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Hace tiempo que puse
mi vida entre tus manos,
como lino sometido a la rueca.
Hílame como gustes,
hílame como quieras.

Ocúpame del todo,
deváname, Señor, como prefieras,
que no me quede lino
para mis cosas, siempre pasajeras.

Ocúpame, Señor,
y ocúpame de tal manera
que sólo, cuando mire,
seas tú, mi Señor, lo que yo vea.
Que nada me seduzca.
que nada me entretenga.
Ha tiempo entre tus dedos
devané mi madeja.
Mi urdimbre está en tus manos:
haz de mi lo que quieras.

Tránsito de Francisco a la gloria