El viento de tu mano
toca mi puerta.
Entra sin más, mi vida,
que ya está abierta.
Esta mañana supe
ya que vendrías;
hasta el aire, mi dueño,
te presentía.
No sabes la amargura
con que se quejan
estas mismas paredes
cuando te alejas.
No sabes la amargura
con que me quejo
a estas mismas paredes,
cuando estás lejos.
Estas mismas paredes
de mi cabaña
saben cómo te quiero.
¡No te me vayas!
|