Todo lo hicieron los dedos
alfareros del amor.
Me lo dice la Escritura,
que es la palabra de Dios.
Mas si en todo lo que veo
hay atisbos del Creador,
¿por qué no me hablan de Ti
la brisa y el ruiseñor?
O están calladas las cosas
o no sé escucharlas yo.
Le he preguntado a una fuente,
he hablado con un castor,
con los árboles del bosque
y el rebaño de un pastor.
Todos musitan palabras
que apenas percibo yo.
¿Será que no tengo a punto
todavía el corazón?
Porque es él quien reconoce,
casi ocultas en su voz,
las divinas resonancias
con que nos habla el Señor.
No están calladas las cosas;
no están calladas: soy yo,
que he perdido la manera
secreta de hablar con Dios.
Dime, Señor cómo ha sido,
que yo aún te quiero, Señor. |