| Darse es un modo de borrar tus ojos,
tachar tu mano, adelgazar tu sangre.
Darse es un modo de dejar que sean
en tu lugar los otros.
Se da la fuente, el árbol hecho fruto,
las nubes que resuelven en lluvia su cosecha.
Darse es un modo singular
y entrañable de ser;
ser para el otro a quien te das.
Dios mío,
nadie se ha dado como tú te diste,
nadie, Señor, se ha roto al punto
de olvidarse de sí para que fueran
amigos entregados tus amigos.
La llave de tu puerta es el amor.
Y el hombre apenas se ha atrevido
a adivinar la luz exacta
que sueñan tus caminos,
en el polvo sangrante de tus pasos.
El hombre, más que estrella, es una duda
a tientas en la noche, que no atina
a dar, en la escalera que no acaba,
con tu puerta, peldaño ciego él mismo.
Enséñale, Señor, a desvelarte,
a pronunciar el hondo sentido de tu nombre.
Enséñale la esquela de tu muerte.
Enséñale, Señor, tu crucifijo,
amor clavado al corazón del hombre. |