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Yo lo sabía,
porque Tú lo dijiste.
Dios trabaja
como si no. Si empuja el agua
el río, ¿quién le impuso
moción tan consistente?
Si arrastran brisas nubes por el cielo,
¿quién dio el pistoletazo de salida?
Sé que no saben descansar tus manos,
que sigues dando cuerda a cuanto hiciste,
aunque bajes a veces, con la brisa,
al declinar la tarde,
por ver cómo transcurre
plácidamente el río.
Donde algo dura o crece
o está sencillamente,
donde algo cruje o nace,
allí estás tú alentando
horrísonos crujidos, nacimientos
ensoñadores. ¿Dejará algún día,
dejará alguna vez el Alfarero
de modelar su arcilla? Pobre tierra
la que tú no cultivas.
Pobre árbol al que asola el aguacero.
Pobre río el que duerme en las arenas
el desconsuelo de sus fuentes ciegas.