| No piensas como Dios. Jesús lo dijo
a Pedro, contrariado.
Miras sin verle,
porque te tienes a ti mismo
tan delante de ti, que te interpones
en su presencia y no adivinas
su realidad.
Degustas
tus propios pensamientos
embelesado,
lleno de ti. No alcanzas todavía
que llega a ser más todavía,
quien descubre el secreto
de ser por los demás.
Deja que Dios te habite.
Que irrumpan sus deseos
en la apartada senda de los tuyos
Y si ajustas un día tu existencia
al contorno gracioso de sus manos,
hecho ya suyo, beberás humilde
en el undoso musgo de sus manos
la vida que no tienes.
Te llenarás del gozo
de querer lo que él quiera, desasido
de ti, deshabitado
de tu manera de quererte,
lejos de ti, sumido en la delicia
de encarnar en ti mismo las palabras
simples del padrenuestro,
esa oración que has de vivir primero,
si la quieres decir como él la dijo.
Aprende a no ser tú; que Dios te sea.
Aprende a no pensar como los hombres.
Deja que Dios piense por ti contigo. |