| Vosotros sois el buen olor de
Cristo, 2Cor ,15
Me impresiona la unción, la cuidadosa
palabra dicha apenas,
la santa levedad con que los santos
hablan de ti, Señor. Nada acompaña
tanto mi soledad, como saberlos
llenos de tu experiencia, saturados
gratamente de ti. Son mi horizonte
en quién soñar, pensándome igualmente
embebido de ti, lleno hasta el borde
el hueco de mi copa.
Son como tú, Señor, se te parecen.
Gritan tu santidad con el lenguaje
callado de su vida.
El hilo adelgazado de tu aliento
transe sus corazones, enhebrados
al tuyo, como cose un mismo aroma
al rosal el ensueño de sus flores.
Son el olor que nos remite a Cristo.
Úngeme a mí también con el aceite
que no se acaba. Acércame a las rosas
que cultivan tus manos. La madera
de tu cruz huele a ti. Pon en la mía
la mano de Simón, que alcance el sitio
donde tu cruz florece sus heridas.
Contra los gritos que nos amenacen,
será escollera con que nos proteja
tu cruz del oleaje.
Átame a ti, que ocupe como astilla
un lugar en tu cruz,
la que llevó Simón, la que yo llevo. |