| Amar a los demás como tú mismo
a nosotros, qué prieta
enredadera atada a nuestro tronco.
Noble medida del amor al hombre.
No hay medida mejor. Ser para el otro,
para ser de verdad, para que sea
el otro en mi lugar.
Que
me ilumine
la fe que pongo en tu palabra urgente,
Jesús. Que me encandilen
tus ojos recogidos, cuando insistes
con palabras de amor que nos queramos
a imagen tuya, que pulsemos,
como quien besa a un niño,
en la desdicha ajena tus latidos.
Hazme ser tú, para ser plenamente.
Hazme sentir las sordas pulsaciones
con que nos lates en los desvalidos. |