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La hija de Jairo
no duerme, esta muerta.
Sus ojos habían
cerrado la puerta.
Jesús, tan cercano
siempre, se le acerca.
Es él quien ha dicho:
- Duerme, duerme apenas.
La gente se ríe,
la gente hace befa. ¿No saben acaso
cómo se asemejan
la muerte y el sueño,
el trigo y la siega?
Jesús no se inmuta,
Jesús no se altera.
Toma de la mano
a la niña yerta
y al tacto, la exangüe
niña se despierta.
La gente enmudece
y, humillada, reza,
que es fuente de vida
la palabra nueva
que Jesús imparte,
ay, cuando le dejan. |

 
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