| Muchos se alzaron contra ti,
cuando tu mano espabiló del sueño
a Lázaro, tu amigo interminable.
¿Qué daño hacías cuando derramabas
tu vida en los eriales de la nuestra?
Se lo dijiste a Marta: Tú serías
nuestra resurrección. Eres la vida
que destapa tu muerte,
crisálida que rompe su capullo.
Ya has muerto y ahora es Dios quien resucita
tu cuerpo triturado por el odio.
Vive tu vida nueva con nosotros.
Vívenos con vehemencia, que sintamos
la sabia de tu vid reverdecida
en los duros sarmientos de tu fronda.
Para vivirte, a cambio, hacemos nuestro
el pan de tu palabra,
y en el trigo sagrado veneramos
tu amor, amanecido cada día
como una mies de fuego inextinguible,
incubado en el nuestro. |