25763

Espíritu divino
que haces del fuego
lenguas de amor y vino
para signar al hombre con tu herida
y hacerle tuyo, atarle
a ti con torbellinos encendidos
de amor huracanado,
dame sentir apego sosegado
a estarme a solas con mi Dios, contigo,
cuando arrodillo mi arrogancia
en el reclinatorio enamorado
de la oración.

Espíritu divino
que avientas con tu aliento imperceptible
el ritmo carmesí del corazón,
ayúdame a hacer míos
aquellos sentimientos
que tenía Jesús
cuando imploraba al Padre por nosotros,
envuelto en los sudarios del perdón;
aquel amor al hombre, aquel afán
de ser en los demás, como la sabia
que late oculta recorriendo el árbol.

Tú puedes traspasarme
con la luz afilada de tus dedos,
al hilo de tu brisa,
puedes dar forma ensortijada
de incienso a mi oración, que pese apenas,
que levite en las alas
ágiles de la luz y el pensamiento,
para alcanzar a Dios, para tenerte
siempre conmigo, siempre, siempre,
para tenerte, mi Señor, conmigo.