6350


Yo sé que tú me vives
mientras te viva yo.

Sé que tu aliento
me alienta, porque habita
tu corazón el mío. He ajustado,
de tal suerte, en un mismo
apretón entrañable,
mis deseos más simples a los tuyos,
que no pueda pensar ya nunca nada
que no piense contigo.

Nada podrá, ni el miedo, ni acechanzas,
ni emboscadas, ni insidias,
ni la muerte más negra, nada, nada,
separarnos, Señor.

Mas si, un día, me tiemblan las rodillas
y adviertes cómo clava la flaqueza
sus dedos en mi espalda, no lo dudes,
unce, Señor, con garfios y bicheros
mi corazón al tuyo.

San Francisco de Asís