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Quien pretenda apartarme
de tus desvelos,
ni sospecha las ganas
con que te quiero.

Dicen que no consigo
disimular
el amor que te tengo.
¿Por qué será?

Por mí, pueden decir
lo que quisieren.
Ante la adversidad,
mi amor se crece.

Tú me amaste primero,
mi Dios, y así,
toda la culpa entonces
revierte en ti.

Poned leguas y troncos
en mi camino,
que he de llegar a ciegas
a mi destino.


El amor se agiganta
cuando lo hieren
y surge de las ruinas
mucho más fuerte.

Señor, hay quien no sabe
que amar apremia
a devolver amor
a manos llenas.

Y tú me amaste a mí
por vez primera:
tu amor tiene la culpa
de mis maneras.

San Francisco de Asís.