Mi corazón es para mi y yo para mi amado.
Cant 2, 16
Aquí, junto a tu pan, junto a la espiga
de tu amor, junto al vino
de tu palabra, quiero saturarme
de ti, como se embebe
de amor y sueño un niño
del pecho de su madre.
Tu pan. Te reconozco
cuando en tu pan me encuentro
contigo y la fe ciega
abre mis ojos para discernirte.
Tu palabra, Señor,
la que tú mismo dices,
la que te dice a ti,
la que tu amor pronuncia,
la que te vive, la que hacemos nuestra
cuando muy dentro te encarnamos.
Has dicho que no muere
quien se empapa de ti. Dame a beberte
de tus manos, Señor. Dame a vivirte,
porque quiero tenerme
contigo eternamente.
Mi corazón sabe de ti, Dios mío.
Mi corazón, que ya ha mojado
su alegría en el tuyo.
Mi corazón, que sabe, desde lejos,
la amable cercanía de tus pasos
callados, como brisa o beso o paja,
me lo dice en voz baja, tenuemente.
Mi corazón te reconoce y sabe.
Aquí, junto a tu pan, junto a tu vino,
comulgando contigo, prietamente
asido a ti, me reconozco tuyo,
cuando mi fe cierra mis ojos ciegos,
mi Señor, para verte.
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