¿Qué sueños soñaría Jesús,
niño incipiente?
¿Qué soñaba Jesús cuando miraba
un pedazo de pan entre sus manos?
¿Qué acertaba a pensar, si aún no sabía
quién era? ¿Le decías
que era él tu pan, que él era vino
de tu sangre, María?
¿Le decías, al menos,
quién eras tú, cuando saboreaba
dulcemente tu nombre?
Cuerpo y sangre eran tuyos, de algún modo,
ya antes de que, un buen día, compartiera
con los hombres su amor.
¿Estabas tu, cuando se dio, hecho trigo,
antes de derramar su sangre roja,
a las seis de la tarde, anocheciendo
el mundo, a sus amigos?
Estabas tú, porque tú estabas
siempre donde él, como la sombra blanca
de un árbol blanco, que tenía
su contextura en cruz.
Tú fuiste el agua azul donde él bebía.
Tú el pan donde él hundió su carne prieta.
Tú eras su cuerpo y sangre de algún modo.
Quién pudiera tenerle tan adentro
como tú, que surtiste
de amor el suyo, mientras él surtía
el tuyo de su amor, ambos fundidos
en una misma brasa
entre las mismas manos del Creador. |