Si algún día regresa nuevamente
hasta el dintel oscuro de tu puerta
el relámpago súbito
de Gabriel y deslumbra
con su palabra cegadora
la sencillez arrodillada
de tu humildad, María,
dile que no estás sola,
que contigo comulga
con tu carne, quien deja
vacío junto a Dios
su solio palaciego y ha bajado
a nacerse en tus brazos.
Dios casi es menos Dios, porque dispuso
que el hombre tenga parte
en el tesoro de tu misma vida
y ha dejado entreabierta, antes remisa,
la puerta de su amor, a quien se atreva
a amar al hombre como Dios nos ama.
Si algún día Gabriel echa de menos
tu buen hacer, tu digna compostura,
dile que no estás sola. Está contigo
Dios naciéndote dentro, a borbotones
de amor, y estamos aquí todos
amando a Dios contigo. |