Yo soy libre por ti, porque me hiciste
a imagen de tu cruz, donde la brida
del pecado abortó su poderío.
Cuanto más te arrincone
hasta mi cercanía,
a empellones, la incuria de la gente,
cuanto más te rechacen sus desprecios,
más ajustadas noto
mis manos a las tuyas, mis heridas
a las que a ti te rompen y desgarran,
más desembarazada del mundo que nos cerca,
siento mi libertad, la que rescata
del pecado mi culpa.
Templado por la lluvia de tu gracia,
el corazón sujeta su coraje
al yugo suave de tu amor sereno.
Soy libre ya, soy libre.
Libre como una alondra, como el aire,
como la luz y el viento. Me renacen
antiguas ganas de gritar tu nombre,
de cantarte mil salmos, esa prieta
bandada de palomas
que nos dice que hay rutas en los cielos
que nos hablan de ti, verdad, camino
y vida de los hombres.
Déjame que me acerque
tanto a ti, que no quede
muy distante tu cruz de la que cargan
mis hombros. Déjame,
mi Señor, ser madera
de tu cruz, con los mismos
clavos que te desangran, con las mismas
desolladuras que te hieren,
limpio como tu sangre,
libre como una alondra, como el aire,
como la luz y el viento. |