A tu sombra, Señor, pongo las llaves
de mi descanso, porque sólo
a tu sombra, asombrado
de tu amor, asomado
al brocal misterioso
de tu interioridad, sé como dice
al oído mi amor, cómo susurra
tus bondades, la brisa,
cómo conducen a tu santidad
los pasos por el musgo del silencio.
A tu sombra,
las claras hojas del olivo
rezan tu paz, la que concierta
corazones dispares, desde el prieto
sentido del abrazo entre los hombres.
Sin amor no discurre por el cauce
de las manos de Dios
el agua inmensa de la vida.
Te amamos. No sabemos
estar sin ti. No tiene, oh Dios, sentido
conocerte y no amarte. ¿Puede un niño
no saber de su madre? ¿Deja, acaso,
deja de ser la agradecida fuente,
entre cielo y sembrado,
espejo de las nubes?
Ayúdanos a amarnos,
ayúdanos a amarte sin medida,
a manos llenas, mi Señor, sin tasa.
Da rienda suelta a nuestro amor, Dios mío.
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