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Dios es amor. Lo dice
quien reposó en su pecho la cabeza,
con frase densa, como quien
aprieta en una mano el corazón de Dios.

Dios es únicamente
amor. Lo puede todo,
porque el amor no admite
contención ni medida.

Y así, sin coto, desmedidamente
se hizo palabra nuestra
y nos puso a la puerta del corazón de Dios.
Sin coto, desmedidamente
se hizo pan para todos
y puso nuestros labios
en el cáliz sangrante de su pecho.
Desmedidamente
se rompió en el Calvario, como loza
enardecida, y derramó su sangre
incontenible
en el mentido cuenco
de nuestro barro. Desmedidamente.

Sólo cuando los hombres se empeñaron
en negarle la vida,
cerró sus ojos, como quien restaña
una herida, y no quiso ver quiénes le mataban.
Dios, que es amor, ponía
una brasa encendida en cada mano.