En Emaús
No te vayas. Todavía
te enredas en mis recuerdos
con la seda con que siempre
tejían su luz mis sueños.
No deshojes la alegría
subitánea de este encuentro,
como quien tira una piedra
en el agua de un espejo .
No te vayas. Siempre quise
saber en qué cementerio
entierra triste el otoño
las hojas muertas del tiempo.
¿En la arena gris del río?
¿En la espalda azul del viento?
¿En el polvo esmerilado
que espabilan los luceros?
No te vayas todavía.
No te vayas, compañero. |