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Bendice, mi Señor, el pan y el vino
como aquel día, atardecido apenas.
Si es pan bendito tu palabra,
deja, Señor,
que bese el trigo de tu mano abierta.
Si pisan tus lagares
vino resucitado, dame el vaso
donde tus labios beban.
Hambre de Ti
me apremia
a no apartar
mis ojos de tu puerta.
Hambre bendita que Tú sólo sacias,
bendita sed la que tus aguas llenan.
Bendice, mi Señor, el pan y el vino,
antes de que anochezca,
cuando queden por siempre mis cansancios
dormidos a la puerta. |