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Cuando Dios me llame,
abridme esa ventana
hacia la luz y el aire.

Cuando Dios me llame
con su voz escondida,
como mi sangre.

Cuando Dios me llame,
ahogad duelos y penas
en el pozo más grande.

Cuando Dios me llame.
Porque estaré ya siempre
teñido de su harina y de su sangre.

Cuando Dios me llame.

Kiko. Crucificado (Almudena, Madrid)