18704

Espíritu de Dios, brisa secreta
que haces presente a Cristo
en los tintos latidos de este cáliz
y en la delgada levedad
de este pan, resucita
mi corazón para que empape
en el suyo la endeble
latencia de mi amor, a la manera
de aquella herida interminable
abierta en su costado.

A su sombra he crecido, como llaga
escondida entre mieses, y a su sombra
he de crecerme, grano todavía
que ha de morir copiosamente
empapado de Dios,
para fructificar después copiosamente,
empapado de Dios, como él predijo.

Que el amor me triture
entre sus dientes,
en paralelo sacrificio
al suyo, junto al blanco
olor a lino de esta piedra plana,
cuando digo que es éste
su cuerpo
y este cáliz
la sangre de sus venas.