18701

Te hiciste carne nuestra, enamorado
hombre del hombre. Quien golpee
los nudillos del otro,
es a Ti a quien golpea, quien arrastre
al otro a la cuneta, es a Ti mismo
a quien desplaza.

No nos dejes
ignorar tu presencia
en la madera que nos configura.
Vas con nosotros, hecho fibra
de nuestra fibra. Nos persigna
tu mano cuando alzamos
la nuestra en cruz hasta la frente.

Eres los pies cansados del anciano,
los ojos dolorosos
del llanto, la vergüenza
del pobre, su mejilla
aterida del frío de los hombres.

Quien no es tuyo, Señor, quien se resiste
a ser tuyo, Señor, qué puñalada
se ha dado al corazón, qué corte en seco
le ha sajado en sí mismo. No los dejes,
Señor, que son los pobres
que más te necesitan.