18694

En justicia, Señor, es conveniente
y siempre saludable
glorificarte, y más que nunca ahora,
cuando el Señor de nuestra Pascua
ha sido degollado en sacrifico
por nuestra indignidad.

La inmolación de Cristo
da pleno cumplimiento
a viejos signos que pronosticaban
la salvación, de modo
que es él, a un mismo tiempo, sacerdote
cordero y victimario.

Por eso, el mundo entero,
en pie, lleno de júbilo
y a boca llena grita
el himno inmarcesible de tu gloria,
como en un brindis que reúne
cielos y tierra, junto
al coro celestial.¡ Mil veces gloria,
Señor tres veces santo!
Bendito ahora que vienes.
¡Hosana, mi Señor, en las alturas!


María del Silencio. Kiko