7221

Al partir el pan
te reconocimos.
¡Quién iba a pensarlo!
¡Quién iba sentirlo!
La tarde avanzada,
saliste al camino,
como quien se deja
llevar del destino.
¡Qué cosas contabas
marcando el designio
de Dios sobre el hombre
que fue Jesucristo!

Caía la tarde
lenta y sonó el grito
lejano de un búho
entre los olivos
y en la vieja aldea
se adentró el camino.

Entraste a la casa
callado y sumiso.
Y luego en la mesa,
sereno, tranquilo,
hiciste aquel gesto
tan tuyo y sabido
bendiciendo el pan,
bendiciendo el vino.

Quién iba a pensarlo
entonces, Dios mío.
¡Verte nuevamente
como siempre, vivo!
Quién iba a pensarlo,
otra vez Tú mismo.
Y al partir el pan,
te reconocimos.
Qué asombro, qué gozo,
qué gran regocijo.

Pero te ausentaste,
vago y desvaído,
como si una nube
te hubiera asumido,
mas dejando en prenda
de amor, encendido,
el don de la fe,
alta como un cirio.

Vuelve con nosotros,
salnos al camino
como aquella tarde
lejana en que el grito
de un búho lloraba
entre los olivos.
Vuelve con nosotros.
Dátenos Tú mismo
y háblanos de nuevo
pausado, tranquilo,
como aquella tarde
en que coincidimos,
andando otra vez,
mi Señor, contigo.


El Buen Pastor. Kiko