17222

La hierba era fresca,
la tarde vencida.
Jesús, compasivo, a la gente
asienta y convida.

No entiende Felipe
que un pan y unos peces redunden
como el hilo de agua
que arrasa la lluvia.

No espera Felipe
que abonen sin precio y sin tasa
trigo para todos
los dedos de Cristo.

Que sepa Felipe
que el Dios que se esconde en Jesús
no guarda cuidados
ni su amor medida.

¿No es maravilloso
que invite a comer de su propia
condición divina
a los hombres Cristo?

Su palabra tiene
horizontes de luz infinitos;
de su amor gozamos,
de su pan vivimos.

¿Por qué no te acercas?
¿Por qué no comulgas, Felipe,
en amor y fe
con Jesús, conmigo?


Última Cena. kiko