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Te contemplo, pasmado
de emoción,
porque entiendo y me deslumbra
la inusitada luz de tu enseñanza,
el ademán humilde de tu gesto.

Te veo arrodillado, Jesús, ante los hombres
lavándoles los pies, pues has venido
a servir y no, en cambio, a ser servido.
Hay muchos que no entienden tu mensaje.
Hay muchos como Pedro.
Has venido a servir y hay una nube
donde ángeles de Dios te echan de menos.

Tu servicio es hacerte,
desde la luz de tu palabra,
parábola y camino;
tu servicio,
enseñarnos
el quicio insobornable del perdón;
tu servicio,
habitarnos
de tu espíritu,
el mismo
que te habitó cuando los hombres
te mataron con saña y se reían;
tu servicio,
quedarte para siempre,
hecho pan y hecho vino, entre nosotros.

Servicio, en pago, es que nosotros
podamos devolverte tanta entrega,
caminando contigo,
pregonando
tu mensaje,
imitando
tu bondad,
repartiendo
tu pan entre los hombres,
que conozcan
así la santidad de tus deseos,
la generosidad de tu indulgencia,
hasta que piensen como Tú,
se olviden
de pensar cual los hombres, como Pedro,
y lleguen, finalmente,
a amarse, un día, como Tú nos amas.

 


Sagrada Familia. Kiko Argüello