|
Porque tu sangre nos salvó, te damos
gracias, Señor.
Porque tu sangre
nos rescató graciosamente,
Señor, te damos gracias.
Porque quisiste estarte para siempre
entre nosotros, mi Señor,
te damos gracias.
Porque preferiste
morir por los amigos a dejarnos
morir sedientos
de Ti, Señor, en el desierto,
Señor, rendidamente
te damos gracias.
Gracias, Señor, porque te has hecho nuestro
y haces del pan y el vino
morada entre los hombres,
propicio siempre a nuestro encuentro.
Mientras fluye tu sangre en nuestra sangre
y tu pan se hace carne nuevamente
en la nuestra, Señor, te damos gracias,
para latirte siempre
en nosotros, porque nuestro alimento
será pensar lo que Tú piensas
y hacer lo que haces Tú.
Gracias eternamente. Gracias, gracias. |