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Para ser pan de Dios,
para encarnarme
en la harina de Cristo,
necesito
humillar este prieto
haz de espigas enhiestas
que crecen en mis manos,
triturar este trigo curtido y resistente,
que me surta de harina.
Hostia sacerdotal me necesito,
pan de Dios,
porque quiero
ser pan transfigurado
en las manos de Dios,
resuelto a que me oprima entre sus dedos,
a que moldee prietamente
mi masa
y resucite
mi adormecida harina,
la atraviese,
con su mirada fija,
la embeba con su vida,
y me enhebre a puntadas dolorosas
como un hilo afilado, casi aguja,
la adelgazada luz de su presencia. |