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Qué molino sagrado,
qué ásperas piedras con sus dientes rígidos
podrán moler el grano de mi espiga,
para cernerla luego como lenta
nieve blanca en tus manos.
Qué prensa, qué apretón membrudo
podrá exprimir el mosto floreciente
de este rubio racimo que es la vida.

Mi ofertorio comprende
un paisaje de mieses y viñedos
por las laderas suaves donde habita
el ruiseñor esquivo, y la guadaña
extiende sudorosa su fatiga
bajo el fuego del sol.

El labio que ora fiel, la mano intensa
que florece en limosnas
o empuja laboriosa los arados,
son plegaria y trabajo, un ofertorio
sacerdotal, extenso sobre el lino
blanco de cada día.

Los Santos Mártires cuidan y algunas veces curan milagrosamente a los enfermos
en el hospital de San Juan. Escena 4º del retablo de los Mártires, obra de Fr. Alfredo Colás