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Señor, déjame aquí. Bórrame el tiempo;
que sepa qué se siente
cuando sólo Tú estás, cuando Tú sólo
presides mi existencia y me arrebujan
tus manos prietamente.

Embriágame de Ti, dame del vino
de tu sangre, esa zarza
ardiente, y alimenta
con tu pan este anhelo
de serlo yo también para los otros.

Me imagino ya siempre
uncido a tu existencia,
con una la brida que me doma,
con una brisa que me alienta.

Señor, no quiero más. Lo tengo todo
estando aquí tan prieto,
junto a la pira de tu amor sangrante
en el hondón de mi secreto humilde,
en el entorno de tu amor profuso.

Bórrame el tiempo
hasta que el tiempo llame
otra vez a mi puerta y me declare
con quién he de partir tu pan, con quiénes
el vino de tu amor resucitado,
para ser, como Tú, desmigajado
pan con los desvalidos,
vino en un mismo cáliz,
para bebernos en un mismo trago,
hermanos todos, juntos.


Las el pueblo y las autoridades reciben a nuestros mártires a su llegada a Teruel.
Escena 3ª del retablo de los Santos Mártires, obra de Fr. Alfredo Colás