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Juan y Pedro, dos alas
de un mismo vuelo. Dios ponía
sus huellas precursoras donde luego
ellos pudieran colocar las suyas
certeramente. Juan y Pedro.

Vinieron desde Asís, donde Francisco
les señaló el camino misionero,
como quien abre gaviotas blancas
en un soplo de viento negro.

Testigos de tu amor,
no satisfechos
con echar la semilla
de tu Palabra en tierras donde puso
la Virgen su Columna, recorrieron
surcos infieles a tu voz, y el filo
del alfanje probó su odio altanero
en la madera de su fe impasible,
Juan y Pedro.

Sangre recorre espesamente
el latido escorado de sus cuerpos,
mientras dicen sus labios
lentas palabras de perdón sincero.

Dios recoja en sus manos
el hilo de su voz, como quien teje
un himno a su bondad entre sus dedos.

Gloria al Padre y al Hijo,
Y al Espíritu Santo en quien creemos.

Santos Mártires de Teruel. De una arqueta antigua.