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Crucificado en Cristo en el cuerpo y en el alma, Francisco ardía como él en amor seráfico, por Dios. Leyenda mayor, 14/1

Qué mal vive la vida
quien no la vive en Dios.
Quitad, si no, la sabia
que llega hasta la flor.
Así muere el arroyo
y el vuelo del azor.

Hay un hilo secreto
que nos enhebra: Dios.
Si cercenáis el viento,
si alguien apaga el sol,
se desploman los cielos,
se desmaya el amor.

Mirad el mundo en sombra.
Miradlo, por favor.
El río se ha secado,
se calla el ruiseñor
y hay un perro que entierra
su muerte en un rincón.

Qué mal vives tu vida,
si no te vive Dios.

Francisco resiste la tentación.
"Cuanto más tentado te veas, sábete que eres más amado. Nadie debe reputarse siervo de Dios hasta tanto que pase por las tentaciones y arideces". (San Francisco en Vida segunda. Celano, 118)