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[Francisco] llevaba a Jesús
en el corazón, Jesús en los labios,
Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús
en las manos,
Jesús en todas partes.
Vida primera de Celano, 115.
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No siempre lleva el río
caudal parejo, y las palabras
dicen a veces más, cuando desborda
el agua sus orillas.
El nombre de Jesús no es sólo un soplo
de brisa entre los labios.
Dice más cuando late
el corazón amante al pronunciarlo.
La sangre es la que anuncia
la intensidad sin fin de sus latidos.
Fogoso martilleo
marca entonces las huellas de sus pasos
profundos por las venas.
Francisco degustaba tembloroso
el nombre interminable
de Jesús, comulgando
con él, tan embriagado
de regocijo,
que era como quien siembra
el aire de gorriones
o levanta del suelo
un surco interminable de palomas.
De sus labios, sangraba como herida,
como brasa de fuego,.
tan bello nombre.
Jesús en sus achaques;
Jesús en sus consuelos,
Jesús siempre en sus labios, apretados
por sujetarlo; luminoso
amanecer, también Jesús en la ventana
plena de luz de su alegría.
Teruel, 8 de abril de 2005
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Éxtasis de Francisco y Clara
durante una frugal comida
"Tú eres, Señor, protector, Tú eres custodio
y defensor.
Tú eres fortaleza, Tú eres, Señor, refrigerio".
(San Francisco, Alabanzas)

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