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[Francisco] se llenaba de gozo al contemplar el sol,
la luna y todas las estrellas
. Vida primera, de T. de Celano, 80

Cantad, sol y luna,
cantad cielo y tierra.

Cantad al Señor,
árboles, cigüeñas.
Cantadle, cigarras,
lobos y palmeras.
Las cosas que Él hizo,
existiendo, aprueban
su amor infinito,
su bondad inmensa,
ya que Él mismo dijo
que eran todas buenas.

Cantad, sol y luna,
cantad, cielo y tierra.

Demostradlo ahora,
cantando contentas,
que cada minuto que pasa,
os mira y os crea.
Nadie cuida más
de un bosque, una piedra.
Vuestra acción de gracias
más sencilla es esa.

Cantad, sol y luna,
cantad cielo y tierra.

Francisco sorprendido en un éxtasis.
"Dichoso el siervo que guarda en su corazón los secretos del Señor".
(San Francisco, Admonición 28)