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A Belén, pastores,
a Belén, hermanos.

Jesús es la Estrella
que en Belén miramos.
No os tapéis los ojos,
aunque queme tanto,
que Jesús, como fuego, se apaga
si no lo atizamos.
A Belén, pastores,
a Belén, hermanos.

Hay fuego en su boca,
hay fuego en sus labios
¿Qué querrá decirnos
si no puede hablarnos?
Que su luz nos deje
ver su luz, sus rayos.
A Belén, pastores,
a Belén, hermanos.

Su cuna es la paja
de nuestros pecados.
Llevadle en los ojos,
llevadle acunado
en la brisa de vuestra ternura,
en las ascuas de nuestro arrebato.
A Belén, pastores,
a Belén, hermanos.

Greccio. Aquí San Francisco quiso vivir la desnudez y
la pobreza de Cristo al encarnarse.