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Al pensar en las llagas, rechazaba todo consuelo. (Vida segunda, de Tomás de Celano)

La cruz es ancha. Caben en ella
la muerte de Jesús y nuestras culpas,
toda la trama inextricable
del humano dolor, en su madera.

La sombra de la cruz trepa a lo alto
de sillar en sillar, dudosa y trémula,
al compás vacilante de la luz de una vela..

Cuantas rodillas desolladas
han venido rezando
ante esta cruz, cuantas mujeres
han visto aquí el espejo comprensivo
de sus angustias más secretas.

Sangra la frente ejecutada a espinas,
sangra la espalda asesinada a golpes,
sangran las manos, sangra el pecho,
sangra la misma cruz, humedecida
por el llanto que llora, reclinado
en la madera, el corazón del tiempo.

El tiempo, la ceniza de la historia,
es el testigo único que queda
del contratiempo aquel. Era una tarde,
él lo recuerda bien, cárdena y negra.