14464

Al ver a los pobres y enfermos, su corazón
se deshacía de compasión
. Leyenda Major, 8\5

JPor el camino que es Jesús
pasan los pobres de uno en uno.
Él va con ellos;
lleva puesta
su indumentaria triste. Tiene musgo
de suciedad tapándole la boca,
manchándole la carne
y la blancura casi azul del cuello.

Jesús mismo nos dice que se esconde
tras de las llagas purulentas
del leproso; se inviste
de la negra ceguera de los ciegos;
se emboza en la maraña pestilente
de la precariedad, los hombres todos
cubren sus manos con un barro negro.

Este Jesús
no es bello
y ni él procura
serlo.
Su amor arde en la llama
que purifica al hombre.

A veces es cruel, es recio
amar, tener un ascua
impenitente entre las manos
y alimentar la llaga de su fuego,
quemándonos la boca, secándonos los ojos,
llagándonos el pecho.
¡Quién me ayuda a raspar,
bajo de la corteza de mi cuerpo,
las llagas rotas
que me sangran dentro!

Jesucristo resucitado