|
Dejadme aquí perdido
en este bosque santo.
El día que consiga pensar como Tú piensas,
el día que converjan mis deseos
con los tuyos y puedan
mirar mis ojos como con los tuyos
miras todas las cosas comprensivo,
ese día seré lo que he soñado
tanto llegar a ser, sombra sumisa
uncido a tus pisadas.
Todo estará más cerca, los amigos,
las cosas, el cariño, las palabras,
todo será más limpio,
más transparente, y cada día
hasta amanecerá más claro,
dejaré de mojarle el corazón
con el prolijo chaparrón,
a veces invernal, de mi discurso,
y hasta, no sé, es posible que, ese día,
tenga estrellas la nada.
Sombra al fin, apostado
detrás de Dios, inmerso
en los pliegues rotundos de su manto,
dejaré de ocuparle
un lugar ante Sí, piedra importuna
tantas veces rodando,
rompiéndole el paisaje,
impidiéndole el paso.
Dejadme aquí, sin nada en torno mío
que distraiga mis ojos y mis manos.
Dejadme aquí perdido
en este inmenso bosque, como un ciervo
que no sabe el camino, en este bosque,
en este bosque sacrosanto.
|