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¿Quién no ha dicho algún día,
a pleno corazón, “¡Cómo te quiero!”,
esa amapola, ese estallido
de sangre, esa llagada
exclamación fastuosa?
¿Quién no ha entregado, con la garantía
del que da para siempre, como el árbol
su fruto, enrojecido
de amor, ensangrentado
como una cruz? ¿Quién no ha entregado
a otro que es totalmente para ti
esa totalidad de ser en otro?
Señor, yo no quisiera
esconder en palabras excelentes
la tibieza de estar en la mediana
de este vaivén irresoluto
de no ser plenamente siempre tuyo,
latiéndote constante.
Quiero obtener a pulso,
quiero labrar a pico, con mis mismas
manos, encallecidas
de tanto golpear tus sentimientos ,
un lugar merecido en ese ojal
de fuego, en ese grito
de callado dolor, en esa llaga
que enciende enardecida tu costado.
Teruel,25 de octubre de 2003
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