| Señor, porque me duele
esta carne precaria y desvalida,
sé que estás cerca.
Porque hay vidrios que clavan
sus cortantes aristas
en mi debilidad,
sé que estás cerca.
Sé que estás cerca,
siento tus pisadas
en la flaqueza de las mías.
Acércame, Señor, aún más la mano
con que vendabas luces y bondades
en la postrada oscuridad del pobre.
Tu luz es mi alegría.
La luz de quienes tienen
corta la vida y alta la esperanza
de saberte cercano.
Permíteme, Señor, ir percibiendo
cómo, mi Dios, me ocupa poco a poco
los últimos rincones el sabor
de saber dulcemente que estás cerca. |