El ruido no ha aprendido
a rezar como reza el silencio.
Sólo en la soledad
encontraba Francisco parentesco.
La oración es un cactus
que nace en el desierto.
En su arena florece
y en el aire reseco.
La soledad la mima,
la acarician la acacia y el romero.
la noche la acompaña, agujereada
de estrellas y luceros.
Sólo los búhos de la noche asustan
los ojos entornados de los muertos.
Pensad en Dios aquí, mientras acuden
a beber en sus manos unos ciervos.
Probad, aquí a rezar arrodillados
conmigo un padrenuestro. |