7143

Crucificado ya con Cristo, Francisco ardía como él en amor seráfico,
y como él, estaba sediento de la salvación de todos los hombres
. B 14/1

Este soplo de muerte que se injerta
en la debilidad, tiene momentos
de madera de cruz. La muerte exacta
es la que muere Cristo, sobre el piélago
despiadado de piedra de su entorno.

No es flaca la flaqueza si nos cabe
rescatar el soporte poderoso
de Cristo, crucifijo eternamente.
Cabal aprendizaje todavía
con que el Señor nos tasa, gota a gota,
despacio, sin premura,
sobre la estela de la cruz,
la arena gris del tiempo que nos queda.

Respirar en el borde dudoso de la vida,
como quien está apenas y bendice
esta proximidad a Dios, allana
sombras y sufrimientos, sólo astillas
de cruz con que Dios hunde
en la suya las nuestras.

En la debilidad, la fe constata
que el dolor asimila a los que Cristo,
en una tarde llena de espesuras,
convirtió en escalera hacia su muerte.

San Francisco recibe las llagas de Cristo en el monte Alverna.
Fresco de Giotto. Asís.