¿Éste es Francisco o Cristo? ¿De qué
cera
es tu Dios, qué madera afortunada
fue la tuya Francisco, que la mano
cinceladora logró tanto
asemejar tu efigie a la de Cristo?
Mucho hubiste de amar para que Dios
te concediera el privilegio
de llevar a Jesús, como tatuaje,
lacrando tus entrañas.
Amor y sufrimiento. No existían
cinceles más seguros, más humanos.
Amor y sufrimiento compartidos
con la cruz de los hombres. Atrevido
modo de convocar en torno tuyo,
desde el zaguán de la pobreza,
al coro en pie de cuantos se agregaban
con similar empuje al seguimiento.
Otro Cristo no ha habido más cercano
al que inclinó en la cruz su cabellera
y trepó luego al Padre, renovado.
¿Eres Francisco o Cristo? ¿Quién primero?
- No era mía la cruz; me la grabaron.
Eran mías las llagas; me las hice,
muriendo en Cristo, con sus mismas manos. |