No hay tiempo que perder. La noche empuja
hacia una nueva amanecida el tiempo,
cuando la luz del sol golpea en su ventana
apenas con las yemas de sus dedos.
Hay una senda que conduce al bosque
oscuro del silencio
donde duerme su choza
entre pinos y enebros.
No hay tiempo que perder.
La luz de la mañana está rompiendo.
Urge dar con la puerta anochecida
que guarda sus misterios.
Y al dar con Dios, envuelto en llamaradas,
traspasado de incendios,
no olvides que el amor
es su lenguaje predilecto.
Ábrele el corazón a Dios, si quieres
perderte en él como en un bosque el ciervo.
Toma la llave del amor, no pierdas,
por Dios, más tiempo.
Aprieta el paso
y cuando ya estés dentro,
cierra la puerta y tírame la llave,
la llave de oro, hermano, que te presto. |